Cruz del Castillo24 de octubre de 2008
Aprovechando un día libre, dejé los niños en el colegio y me fui a la cercana Sierra de Cantabria, para dar un paseo por la Senda de las Carboneras y, si apetecía, subir a la Cruz del Castillo (balizada como PR-A 50). Hace un día precioso -aunque frío- y hay que aprovecharlo bien. Así pues, llego al pueblo alavés de Lagrán y cojo, en coche, la parcelaria que lleva hasta la entrada de la Senda, que coindice con el GR-38 (Ruta del Vino y el Pescado). Ahí comienzo a ascender por la senda, con bastante incomodidad por los cercanos disparos de al menos dos grupos de cazadores.
Aunque debo entender que nadie es tan descerebrado de disparar cerca de un GR, las suposiciones no me van a librar de un tiro perdido. Así que, tras un rato de camino, decido darme la vuelta. Pero entonces me doy cuenta de que lo que estoy haciendo es acercarme a ellos, así que decido subir rápido para salir del bosque y, a la vuelta, Dios dirá. Oigo gritar a un jabalí. Acto seguido, dos disparos y después, nada... :( Continúo pues por la amplia y empinada senda...
El otoño ya ha pasado su mejor moneto; la hoja ha caído y la senda es una gruesa y crujiente alfombra. Es un placer pasear por aquí.
En una media hora abandono el bosque de hayas y alcanzo el Puerto del Toro, donde abandono el GR-38 y busco el acceso (balizado con marcas blancas y amarillas) a la Cruz del Castillo. Me cuesta unos minutos encontrarlo, porque está un poco escondido entre la vegetación.
Vuelvo a entrar a un solitario y misterioso bosque...
Y pronto me acerco al collado que separa Larrasa y la Cruz del Castillo
Y, al llegar al collado, se me va la olla por completo :-) Fascinado por la imagen de las afiladas crestas de Larrasa a Palomares, me olvido de la Cruz del Castillo. En lugar de girar a la derecha, siguiendo el evidente sendero que lleva a la Cruz, giro a la izquierda, hacia Larrasa. El sendero cruza una empinadísima ladera por donde camino fijándome bien en cada paso, para evitar un resbalón que me haría bajar muuuuchos metros... Acabo llegando a una trepada mucho más aérea de lo que estoy dispuesto a superar. Me siento incómodo y decido dar la vuelta.
Sólo entonces, al verme frente a la Cruz, me doy cuenta del error. Y de que he cometido otro error más grave: nadie sabe que estoy aquí, ya que fue una excursión totalmente improvisada. Pero no cuesta nada hacer una llamada de teléfono. En fin, demasiado tarde para eso. Desciendo de nuevo hacia el collado. Si a la ida había tenido muchas precauciones, aún más a la vuelta, afirmando bien cada paso. No es un sendero peligroso -sí en invierno o con el suelo húmedo-, pero sí incómodo para personas que, como yo, sufran de vértigo. No me quedo tranquilo hasta que llego al collado. Sólo han sido unos minutos, pero se me han hecho muy largos. Desde el collado recorro los pocos metros que me separan de la cima de la Cruz del Castillo por cómoda roca, aunque no puedo evitar apoyar las manos de vez en cuando.
Sí foto, sí cima...
Vista de la cresta Larrasa-Palomares
Hacia el Este; se ven Peña Alta, San Tirso, el León Dormido, el Joar... No se aprecia en la foto, pero se veía hasta el Moncayo.
Desciendo tranquilamente por el mismo camino; de regreso, me acerco a El Villar desde donde, al atardecer, se tiene esta bonita imagen de la zona visitada:
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