San Nicolás de Bujaruelo9 de octubre de 2005
En esta corta visita otoñal a Ordesa no tuvimos mucha suerte con el tiempo. El agua nos impidió realizar la ruta prevista por el Valle de Bujaruelo. Lo cierto es que era necesaria porque el año había sido muy seco, pero empezó a caer en los días menos oportunos para nosotros. Al menos, el día anterior habíamos podido recorrer la Senda de los Cazadores.
A la entrada de Ordesa, en el Puente de los Navarros, sale una pista hacia la izquierda que, a menudo, es olvidada por los visitantes ya que Bujaruelo (posiblemente a causa de las torres de alta tensión) no forma parte del Parque Nacional. Sin embargo, su belleza rivaliza con la del valle vecino.
Tras siete kilómetros de pista en regular estado (aunque transitable por coches "normales") se llega a una explanada junto al río Ara en la que se levantan unas viejas construcciones: los restos de una ermita, el puente románico y el viejo hospital, hoy refugio. Este complejo, con origen en el S. XII, fue fundado por la Orden del Hospital para acoger a los comerciantes, peregrinos y viajeros en general que cruzaban el puerto de Bujaruelo desde Francia (interesante información en la web del Mesón de Bujaruelo). Salvo el refugio, estas construcciones están lamentablemente abandonadas y está por ver lo que durarán en pie.
Después de pasar un buen rato jugando a la rana con los cantos del río, tomamos unos huevos fritos con longaniza y nos retiramos al arreciar la lluvia. Otra vez será. 3 de noviembre de 2006
No sé cuántas veces hemos ido con los niños a Bujaruelo, pero da igual. Cada vez que nos sentamos bajo el puente medieval se pueden pasar horas tirando piedras al río, ¡nunca se cansan! En este viaje, Diego ya no es un bebé y podemos caminar un ratillo con él por la senda que se dirige al puente de Oncins. Ya está entrado el otoño, pero algunos árboles aún conservan las últimas hojas, coloreadas de infinitos ocres, verdes, amarillos y rojos.
El paseo el agradabilísimo. Estamos casi solos, se respira una tremenda tranquilidad (nada que ver con el vecino valle de Ordesa) y podemos recrearnos a cada paso con todos los detalles del recorrido. En apenas una hora (y no se olvide que el peque tiene dos años recién cumplidos) cruzamos el puente de Oncins, sobre una pequeña garganta de impresionante belleza. Desde ahí volvemos al Mesón a comer. Volvemos por donde hemos venido pero, al otro lado del puente, una pista permite hacer el recorrido de vuelta por la margen contraria del río.
5 de abril de 2007
Si llevamos 900 años haciendo judías, no podemos estar equivocados. Así dice un cartel a la entrada del mesón y yo lo tenía grabado a fuego en mi cabeza. Pero, por fin, llegó el día en que me comí esas judías (lo llaman menú histórico). En esta época del año la pista que lleva a Bujaruelo no está en las mejores condiciones. Por la mañana conservaba una fina capa de hielo que puso en aprietos a alguno de los coches que subían aunque, al final, llegamos todos hasta el mesón, vencida la tentación de abandonar el coche a un lado de la pista, subir todos en el 4x4 y recogerlo a la vuelta, cuando el hielo hubiera desaparecido.
Reservamos para comer en el refugio y dimos un paseo sobre la nieve hasta el puente de Oncins. Los críos se lo pasaron estupendamente, jugando con la nieve; los mayores disfrutamos del espectáculo del valle nevado. Y, por supuesto, de esas judías milenarias... |