Ibones de Anayet12 de agosto de 2005
Para llegar a los ibones de Anayet, partimos de Sallent de Gállego hacia el Portalet y nos desviamos en el Parking del Anayet de la estación de esquí de Formigal. En ese lugar, conocido como El Corral de las Mulas (1.630 m.), se deja el coche (el acceso al parking suele estar cerrado fuera de la temporada de esquí). Desde ahí se sube, bien por el sendero del GR-11 o bien por la propia carretera (sorteando camiones y excavadores) hasta la estación. A la derecha del restaurante hay un arroyo junto al que discurre un sendero que nos llevará hasta el barranco de Culivillas, que remontaremos.
Apenas iniciada la ruta, Jaime y yo adelantamos a una familia con una niña de su edad, quejándose de que no podía más. A los pocos minutos, nos adelantaron ellos, ya que Jaime se había parado a descansar porque, claro, no podía más. Un rato después, ocurrió de nuevo lo contrario. Y después de unos cuantos adelantamientos y de "no puedo máses", decidimos continuar todos juntos el camino. En ese mismo momento, desaparecieron todos los problemas. Los niños no dejaron de corretear arriba y abajo, deteniéndose sólo a observar los buitres, águilas y cernícalos que nos sobrevolaban o a escuchar el grito de las marmotas.
La subida es asequible para los niños y muy agradable. El premio (que es fantástico), no se desvela hasta el final. Tras casi tres horas y 600 metros de desnivel desde el Corral de las Mulas aparece, imponente, el pico Anayet.
Pasamos un buen rato disfrutando en la explanada (2.227 m.) de los ibones, los Anayet (Pico y Vértice) y, cómo no, el omnipresente Midi d'Ossau.
Tras un buen bocata y la correspondiente racion de fruta, comenzamos a bajar. No hay prisa y los niños se lo pasan genial disfrutando del vuelo de las aves que nos rodean, muy activas a esta hora de la tarde. El descenso es pues lento y tardamos casi otras tres horas en llegar a los coches.
Al final, los niños cansados y contentos y los padres satisfechos. Es una excursión preciosa, muy recomendable. 28 de julio de 2006
De nuevo visita veraniega a los ibones; Fe se quedó con Diego en Formigal -había juegos para niños- y Jaime y yo subimos a saludar al viejo volcán. Jaime, ya más fuertote que el año anterior, subió con mucha más soltura y en apenas hora y media (saliendo esta vez desde la estación de esquí) estábamos en la explanada de los ibones.
El día amenazaba lluvia, así que no nos debíamos entretener mucho; una vez arriba, hicimos la correspondiente sesión de fotos al Anayet (no así al Midi d'Ossau, siempre oculto por las nubes) y bajamos sin mucha demora.
Bajamos a muy buen ritmo, sólo interrumpidos por una simpática familia de marmotas que nos entretiene un rato.
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