Ibón de Acherito20 de mayo de 2007
Una especie de maldición me perseguía cada vez que trataba de acercarme al Ibón de Acherito. Siempre ocurría algo que me impedía llegar, desde perder la cartera (y pasar sudores para pagar el hotel donde habíamos pasado la noche en Hecho) hasta una visita familiar inesperada hasta la tarde anterior a la salida prevista.
El penúltimo intento parecía el definitivo. Mediado el mes de mayo de 2007, Jaime y yo nos pegamos un ben madrugón para llegar temprano a la selva de Oza. Todo parecía perfecto: un día precioso, temperatura estupenda y los dos muy animados para la excursión.
La ruta al ibón (en aragonés, lago de alta montaña) de Acherito es todo un clásico montañero. Parte del Refugio de la Mina, en la Selva de Oza, siguiendo hacia el norte la carretera de Hecho. Allí mismo se puede dejar el coche, en el arranque de la senda que, junto a un tejo centenario, lleva a la confluencia de los barrancos de Acherito (a la izquiera) y de las Foyas (a la derecha). Este último es el que tomaremos.
La pendiente por el barranco es fuerte y no da descanso; cruzamos el barranco y ascendemos sin parar desde los 1.320 m. del refugio has los 1.600 aproximadamente; allí, un cartel nos indica el cambio de dirección. Giramos hacia el oeste, bajo la Ralla de las Follas, que bordeamos. La pendiente es menor (o eso me parece) y el camino más cómodo, pero hay un problema...
El cielo ha cambiad de repente el bonito azul por un gris amenazador. Aún nos falta casi la mitad de camino y sospecho que nos vamos a mojar. Y, efectivamente, en cuestión de segundos se desata una fuerte tormenta. En los 30 segundos que tardo en quitarme la mochila y sacar los impermeables nos hemos empapado.
Comienza a tronar. La tormenta está muy cerca y Jaime está muy asustado. Quiere obligarme a tirar los bastones porque, dice, "atraen a los rayos". No le falta razón y, por darle la razón (y no sólo por eso) los recojo y los guardo en la mochila. Bajamos lo más rápido que podemos y comienza a granizar. ¡Trozos de hielo como ternascos! ¡Qué pasada! Total, que a las 11 de la mañana estamos de vuelta en el coche, sin ibón y sin planes para el resto del día. Así que, para compensar a Jaime por el susto que se ha llevado, le invido a unas migas en la Borda Arracona, en el camino de Ansó a Zuriza. Las mejores migas del mundo mundial. 1 de julio de 2007
La tarde del último sábado de junio nos dio el punto, hicimos las mochilas y nos largamos la familia al completo a pasar la noche en Siresa. Ni qué decir tiene que la idea era volver a intentar el ibón. Y esta vez sí pudo ser, ¡por fin! Esa noche hubo una fantástica luna llena:
Al día siguiente, Fe y Dieguete se quedaron pasando la mañana en la Selva de Oza, muy entretenidos y Jaime y yo fuimos a terminar lo que habíamos dejado a medias.
Después del "giro al oeste" que nos pone en la dirección correcta, estuvimos un buen rato parados ante el soberbio espectáculo de una bandada de buitres leonados que estuvo un buen rato haciendo círculos alrededor de nosotros. Nos entretuvimos bastante, pero mereció la pena.
Seguimos la ruta muy animados; llevamos un buen ritmo y parece que esta vez todo sale bien. Por delante de nuestross ojos pasan, de sur a norte, Petraficha, Quimboa Alto, Chinebral de Gamueta, Mallo de Acherito, Petrechema... Al otro lado la vista se mueve entre la inconfundible silueta de la Collarada y la fascinante fortaleza natural del Castillo de Acher.
Conforme nos vamos acercando a nuestro destino, me va entrando un gusanillo en el estómago. Estoy ansioso por llegar. Cuando faltan unos metros le pido a Jaime que haga de "explorador" y se adelante a ver el ibón. Va encantado y vuelve enseguida con los brazos en alto, haciendo gestos de alegría. ¡Por fin! El ibón se esconde hasta el último momento; cuando doy el paso que lo descubre, me quedo sin respiración. Es, sin duda, uno de los lugares más hermosos que he visto en mi vida.
Pasamos un rato en el ibón. Nos ha costado unas dos horas y media subir (desde los 1.320 m. junto al río Aragón Subordán hasta los casi 1.900 del ibón). Si nos damos prisa, llegaremos a tiempo para una buena comida, así que no hay tiempo que perder.
Terminado el "maleficio" he podido repetir la excursión (algunas de las fotos corresponden a la nueva visita) en compañía del Anthrax, durante esos tres fantásticos días de marcha por los Piris. |